El termómetro maldito y la madre que lo……

Hace muchos años alguien, al que Dios confunda, tuvo a bien inventar un aparato diabólico que determinó en llamar “Termómetro”. El científico en cuestión ignorante del error cometido publicitó su invento y sus colegas venideros vieron en él la solución a muchos de sus problemas. Conseguían medir la temperatura a todo, como si de una aplicación para el iphone se tratara, podían hacer múltiples cosas, pero algunas de ellas inútiles. Llegaron a medir la temperatura del sol, y a mí que más me da, millón de grados arriba o abajo.

Os preguntaréis el por qué de esta rabieta anticientífica, con la de modelos que existen, bonitos o feos, de mercurio o alcohol, analógicos o digitales, con ramitas de plantas o con tecnología laser, ultrasonídos o microondas o yo que sé cuanta tecnología desperdiciada en medir la temperatura.
No digo que para ver si el pollo o el pastel están en su punto se pueda medir la temperatura introduciendo una sonda térmica que nos afine hasta la centésima de grado si el guiso estará en su punto, pero eso toda buena cocinera lo sabe hacer a ojo.

Igual ocurre en pediatría podemos meterle el termómetro por el culo al niño, ponérselo en el sobaco o las ingles, pegado en la frente o a través de las orejas, algunos nos darán una precisión de dos cifras decimales ” mi niño tiene 39,86 grados Centigrados o lo que es lo mismo 103,75 grados Fahrenheit” pero ¿Qué utilidad tiene? Si tocando al niño ya nos damos cuenta de que quema. Viene a cuento de la obsesión por la medición que nos ha llevado a padres y profesionales a una miedo patológico por la fiebre y no es raro que la primera pregunta en urgencias o en consulta sea ¿ha tenido fiebre? aunque le haya atropellado un coche.

Nos enseñaron en la facultad que la primera pregunta a hacer es:

D.- ¿qué le pasa?

P.- Que tiene fiebre, doctor.

D.- No, si no le pregunto eso, le pregunto ¿qué le pasa? ¿qué síntomas tiene?

P.- No, ninguno, que tiene 37.86.

Hemos desarrollado un pánico a la temperatura elevada, como si la fiebre matara o algo parecido. La fiebre es nuestro mecanismo de defensa, la fiebre mata gérmenes, a ellos igual que a nosotros nos es más difícil reproducirnos cuando hace calor y sino pensar en reproduciros con 40º a la sombra. Por esta razón el organismo sube su temperatura, para curar al niño y defenderle del ataque vírico o bacteriano, si nosotros nos empeñamos en bajar la temperatura estamos del lado enemigo. Se supone que queremos ayudar a nuestro hijo, no perjudicarle con bajadas de temperaturas intempestivas o con exceso de medicación que puede ser perjudicial, el paracetamol sí mata, no la fiebre. Si el peque esta molesto, le duele algo, está llorón o quejoso tendremos que ayudar con alguna medicación en su justa dosis, pero no por una cifra termométrica sin sentido.

“Mirad al niño y no al termómetro”